Nueva longevidad. La reorganización económica en familias con adultos mayores y el fin de la idea de herencia

Hace cuatro años, Manuela Efraim, de 58 años, tuvo que asumir las riendas de la economía de sus padres. Edgardo, de 84, se había olvidado las claves de las tarjetas y del cajero. Como su mente se quedó en blanco, pensó que era pasajero y no dijo nada. Manuela se enteró cuando descubrió que había cuentas sin pagar. Su papá, que siempre había sido tan prolijo con las finanzas, había entrado en una etapa de deterioro cognitivo. El manejo del dinero por parte de los adultos mayores, que llegan a edades cada vez más avanzadas, es solo uno de los dilemas que plantea la nueva longevidad en el plano económico.

La mamá de Manuela no conocía las claves ni el circuito financiero de la familia. Hubo que visitar el banco, hablar con el contador y con el abogado para poder reorganizar la dinámica del manejo del dinero. El deterioro de Edgardo se fue profundizando, sobre todo después de que falleció Rita, su compañera de toda la vida.

Hoy, Edgardo vive en la misma casa en la que Manuela creció. El neurólogo desalentó la idea de que se mude a un departamento. “Nos dijo que consultáramos a un ingeniero para que nos ayudara a hacer todas las adaptaciones como colocar sillas elevadoras en las escaleras, pero que mudarlo podía ser contraproducente. Sobre todo, porque él siempre nos dijo que no quería terminar sus días en un geriátrico. Siempre dijo también que quería mantener la prepaga y que usáramos sus ahorros para eso”, cuenta Manuela, que trabaja en la venta de seguros.

No es sencillo. Para sostener esta dinámica, hoy cuentan con un régimen de tres cuidadoras, dos que se turnan de lunes a viernes, más una tercera que va los fines de semana. Además, una asistente gerontológica trabaja con él la estimulación cognitiva, “para que no esté todo el día mirando al techo o con la tele”, explica la hija. También tiene una terapista ocupacional para practicar ejercicios de musculatura. “La casa es un desfile de gente, todo el tiempo. Además de nosotros, los hijos y los nietos que tratamos de estar todos los días”, describe.

“Realmente, agradecemos que papá haya sido previsor y haya podido llegar a estos años con ahorros. Porque, claramente, esta es la etapa más costosa de la vida. Y yo que creía que era la infancia, cuando tenés que pagar colegios, clubes, ropa y salidas. Los últimos años de la vida son los más caros de todos”, señala Manuela.

Sabe que no todos los adultos mayores pueden contar con ese “colchón” que hoy permite que a su papá no le falte nada. “Creo que la gran diferencia ocurre cuando alguien llega a esa etapa con un resto y cuando no. Realmente, para nosotros, como hijos, teniendo nuestros propios gastos y manteniendo a nuestros hijos, sería muy difícil sostener esta situación”, se sincera Manuela.

La vivencia de esta familia refleja uno de los tantos desafíos que representa para las sociedades modernas la nueva longevidad, un fenómeno abordado en sus diversas dimensiones desde esta serie de LA NACION.

Pagar una residencia puede costar entre dos y diez millones de pesos mensuales, si en cambio se opta por cuidadoras, hay que pensar en que cada sueldo promedio es de $1.200.000, además de los aportes y los reemplazos por licencias por enfermedad o vacaciones. El costo de una prepaga puede rondar los $400.000 y llegar al millón de pesos, según valores que manejan en el grupo Cuidar a Nuestros Padres, una comunidad virtual donde miles de miembros comparten sus experiencias. Y todo esto sin contar el mantenimiento de la casa, los gastos en medicamentos e insumos. Para muchas familias, incluso de profesionales con niveles de ingresos medios y altos, las cuentas no cierran. El dinero de la jubilación apenas puede representar una ayuda para los hijos que, en el mejor de los casos, se distribuyen los gastos equitativamente o de acuerdo a sus posibilidades.

“No existe el derecho a una futura herencia”

En este contexto, el concepto de herencia se resignifica. En caso de que haya dinero ahorrado, es lógico que sea utilizado por el adulto mayor en sus años de vida ganados. “Una de las figuras que está en crisis es la donación de los bienes a los hijos, una decisión que tomaban los mayores de clase media, pensando en el ahorro de tiempo y gastos de una futura sucesión. Hoy es prematuro tomar esa decisión a la edad jubilatoria. Antes la expectativa de vida de un varón era de 70 años y hoy en clases medias urbanas, supera los 80 largamente. ¿Cómo y con qué recursos se van a vivir esos años?”, apunta Leonardo Glikin, especialista en planificación patrimonial y sucesoria.

La calidad humana y el tipo de vínculos construidos a lo largo de la vida quedan al descubierto en este momento crucial. “Suelo dar el ejemplo de una clienta que donó en vida sus bienes a una hija con la que no tenía muy buena relación. Aunque ella seguía viviendo en su departamento, tuvo un conflicto porque la atacaron unos perros, se quebró la cadera y, por el estrés postraumático, quiso vender para irse a otro edificio. La hija le dijo que no. Que ese era su departamento, que ya se lo había donado y que no quería venderlo”, relata Glikin.

Para el abogado, frente a la nueva longevidad, no alcanza con la reserva de usufructo. “Las medidas tienen que tener el dinamismo suficiente para que la persona mayor pueda seguir viviendo de su patrimonio. Lo más recomendable es hacer un fideicomiso, donde la persona tiene la libertad para adoptar otro tipo de medidas. Puede establecer que los destinatarios finales van a ser los hijos o nietos, pero dejar en claro que el beneficiario del fideicomiso es el adulto mayor, o sea él mismo. Y que puede dar órdenes para que se venda y se destinen esos fondos a los gastos necesarios para seguir adelante con su vida”, explica.

De acuerdo a su experiencia, la planificación patrimonial y sucesoria se instrumenta cada vez más, pero no de manera masiva. “Otra figura interesante es la renta vitalicia: una persona vende su inmueble a un comprador, lo sigue usando, y va recibiendo un ingreso todos los meses, por parte del comprador. Existe la figura en nuestra legislación pero tiene mala prensa porque han existido abusos. También se puede hacer una hipoteca revertida, que permite al dueño de la propiedad ir recibiendo mensualmente ingresos y después de su muerte los herederos tienen la posibilidad de levantar la hipoteca si quieren la propiedad o dejársela al banco”, señala.

La lucidez de la persona mayor juega un rol central ante decisiones tan relevantes. “Frente al deterioro cognitivo, es importante diferenciar entre las situaciones en las que es necesaria una medida de protección y aquellas en las que los herederos quieren evitar que se gaste su herencia”. Este último ejemplo es el que exhibe la película 27 Noches, que aborda el caso de la escritora y pintora argentina Natalia Kohen, que fue internada por sus dos hijas en una clínica psiquiátrica para que no haga uso de la fortuna familiar en sus últimos años de vida. “No existe tal cosa como el derecho a una futura herencia”, remata Glikin.

Fuente: La Nación

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